“ES MEJOR OLVIDAR(SE): reflexiones sobre demencia.” Delia Catullo Goldfarb

“ES MEJOR OLVIDAR(SE): reflexiones sobre demencia.”

 

DELIA CATULLO Goldfarb

 

RESUMEN: Este artículo hace una síntesis del desenvolvimiento histórico del concepto de demencias. Aborda la causalidad, la complejidad del diagnóstico, aspectos descriptivos y sociales de la temporalidad, de la memoria y del fenómeno demencial.

Palabras claves: Alzheimer, Demencias, Memoria, Psicoanalise.

 

 

En 1990, el presidente Collor asume el gobierno del Brasil e confisca los depósitos en libretas de ahorro. Seis meses mas tarde, la búsqueda por grupos de apoyo a familiares de portadores, de la Asociación Brasilera de Alzheimer crece de forma alarmante. Una cirugía que no puede ser realizada, un viaje que no puede mas ser soñado, la casa que no será comprada. Rabia, vacío, desesperanza, depresión. Crece el diagnóstico de demencias

Julio de 2002: siete meses después del corralito, de los panelazos y de la entrada de la Argentina en sus mas dramáticos niveles de miseria, recibo en San Pablo, dos llamados de personas preocupadas con el diagnóstico de demencia dados a sus familiares en Bs As.

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Hace mas o menos 300 años se definía como demente a cualquier persona que mostrase algún nivel de pérdida de la razón, locura, actividad delirante o conducta insensata. Pero el uso que hacemos actualmente del término demencia no es muy antiguo.

La primeras descripciones de estados demenciales, tal como las conocemos hoy en día datan de 1787 con Cullen y de 1816 con Esquirol que se refiere específicamente a las demencias seniles.

Pero sólo en 1911, Emmanuel Régis, un médico francés asiduo lector de Freud hace una diferenciación que hasta hoy es valiosa, el dice: “Las enfermedades psíquicas de involución o decadencia se caracterizan por la disolución del ser psíquico; no se trata como en la degeneración, de un vicio de organización, de una debilidad congénita; es una debilidad adquirida de las facultades [] La decadencia psíquica está representada por una forma morbosa: la demencia.

Régis describió también un cuadro de “pre-decadencia cerebral” caracterizado por debilidad en la posibilidad de transformar las sensaciones en ideas, disminución de la capacidad creativa, falta de precisión y lucidez en el juicio, lagunas de memoria, fatiga, preponderancia de las reminiscencias , disminución de la asociación de ideas, de la atención y de la voluntad. Hay una retracción sobre sí propio y una disminución significativa de las actividades intelectuales en general.

A estos síntomas le seguirían otros de la fase llamada Esencial donde justamente lo mas esencial sería el abandono del funcionamiento psíquico normal, que sería causa y no consecuencia de la falta de memoria.

A seguir, describe el Periodo de Estado donde, a pesar de la amnesia invadir todo el saber adquirido, hay momentos de extrema lucidez, lo que hace que Régis piense que “la disminución intelectual sea mas aparente que real”

Finalmente describe la Fase Terminal como la pérdida absoluta de toda inteligencia y el deterioro orgánico total, y dice: “No existe nada mas de lo que fue en otro tiempo. Adelgaza, presenta total incontinencia de los esfínteres y es reducido a un estado completo de decrepitud”

Siguiendo las palabras de Régis, vemos como un progresivo derrumbe del Yo, provoca la pérdida de las funciones inhibidoras del proceso primario, dejando al sujeto a merced de un narcisismo primarizado y mortífero.

En el anciano, el estrechamiento del horizonte de futuro, sumado a la falta de las mas mínimas condiciones de habitabilidad del mundo pueden provocar un sufrimiento excesivo. Entonces debemos preguntarnos que pasa con la subjetividad cuando es compulsorio abandonar los pocos lugares de reconocimiento narcísico y es imposible ocupar otro lugar valorizado por la cultura. Que pasa cuando el modelo social cambia de forma radical y violenta, cuando la experiencia acumulada no tiene mas valor, cuando ya no hay mas tiempo suficiente para cambiar el proyecto de vida. En estas condiciones, el anciano sólo puede esperar tornarse un muerto.

Que pasa cuando el yo se encuentra fijado a una situación donde parece no haber salida fuera de un retorno a una situación de dependencia. Que pasa cuando hay un fracaso total del proyecto identificatorio.

El Yo sólo puede garantir su continuidad tornándose otro, modificándose, siendo siempre diferente de lo que fue y, al mismo tiempo, siendo siempre el mismo. Debe aceptar estar siempre en movimiento. Movimiento que es esencialmente temporal.

Una de las funciones del Yo es pensar su propia temporalidad y, para poder hacerlo, debe dirigir su carga libidinal a un espacio-tiempo futuro, espacio este que ante determinadas situaciones puede transformarse en un objeto terriblemente asustador porque además de la imprevisibilidad y la falta de garantía que cualquier existencia sufre, el exceso de sufrimiento amenaza la sustentación de una identidad.

El Yo tiene que responder por su identidad, sin esa posibilidad, se disuelve en la angustia. Y todo lo que amenaza al Yo, es una amenaza a su integridad y como tal, una angustia de muerte.

Una reacción posible a este estado de sufrimiento provocado por la amenaza podría ser un mecanismo de regresión que lo proteja en formas mas primitivas de funcionamiento y donde, en cada nivel de regresión, si no se reinstaura el equilibrio y la unidad perdida, la angustia reaparecerá exigiendo una mayor investidura y llevando a una regresión cada vez mas profunda si el fracaso se repetir….. así hasta una disolución del Yo, casi una desaparición en el Ello. En fin, acción de la Pulsión de Muerte sobre el YO.

Tener la esperanza de la coincidencia con la imagen ideal, es lo que garante la continuidad de la investidura, a pesar de la realidad marcar su imposibilidad.

El dolor de la coincidencia perdida, el dolor de ya no ser la encarnación del deseo materno, sólo puede ser metabolizado si, de cierta manera, se mantiene la esperanza del reencuentro. Movimiento temporal donde el objetivo proyectado en el tiempo futuro, una vez alcanzado, servirá especialmente para demostrar su ineficacia como portador de un ideal permanente, pero que se tornará origen de otro proyecto. O sea, estamos ante un movimiento temporal que sólo terminará con la muerte, como bien dice Piera Aulagnier, o con la demencia, como yo me atrevo a agregar.

En el sujeto demenciado, el pasado no está incluido en el proyecto futuro, simplemente porque no hay futuro. El pasado retorna igual a sí mismo, el Yo pierde autonomía y realmente pasa a ser todo para quien lo cuida y de quien depende para su sobrevivencia física.

Pero si falta un proyecto de futuro, no se puede responder a la pregunta esencial del hombre. Para responder sobre quien soy YO, es necesario saber quien fue el Yo y quien será futuramente.

Para soportar la angustia de la fragilidad de la vida y conservar la identidad es imprescindible conservar algunos puntos de anclaje, ciertos referenciales fijos a los que el Yo se pueda aferrar cuando surja un conflicto identificatorio que ponga en jaque las referencias del modelo.

Cuando un modelo no lleva en cuenta las necesidades básicas de sobrevivencia psíquica, adaptarse a él puede ser extremamente difícil, puede significar una renuncia excesiva. Fundamentalmente lo que pasa es que se pierde un “saber” sobre la realidad, de este modo, mundo físico y mundo psíquico dejan de ser coincidentes, pasan a sentirse como esferas diferentes, irreconciliables.

Ante esta situación amenazadora, no nos resultará extraño que algunos sujetos emprendan un movimiento de fuga de esos referentes sentidos como ajenos e injustos, especialmente cuando ese saber deja de constituir una garantía para su propia integridad.

Para sustentarse, el Yo debe -en su presente- poder reconsiderar su pasado y proyectarse en una acción modificadora para el futuro, donde los errores puedan ser reparados y los aciertos reproducidos, pero especialmente, debe poder realizar una acción verificadora de la realidad que deberá coincidir con sus recuerdos, debe poder confiar en su memoria y en la validad de su saber.

La pérdida de memoria, independientemente de su causa, provoca la pérdida de fragmentos considerables de la identidad.

En la demencia, la función historizadora de la memoria es anulada, y este proceso pone fin a cualquier movimiento de cambio e historización.

El Yo exige estabilidad, no puede dejar de existir para pasar a ser otro, deberá ser siempre el mismo y modificable. Desde su aparecimiento en la escena psíquica, deberá obligatoriamente, pensar su cuerpo, su realidad psíquica y la realidad exterior. Esto quiere decir que deberá tener representaciones de todo lo que constituye su campo de lo catectizable.

A muchas investiduras podrá renunciar, otras serán substituidas, pero no podrá renunciar a aquellas que son vitales para su sobrevivencia, no se puede renunciar a aquello que es absolutamente necesario. El Yo está condenado a eso.

De este modo, siempre que el sufrimiento coloque en peligro este movimiento, el Yo buscará otra causa en que apoyar su carga libidinal, causa que estará ligada al deseo. Sólo se puede cargar el objeto que causa el deseo y que justamente por eso, será también causa del sufrimiento, ya que cuanto mas un objeto es necesario para el placer, mas su ausencia provocará el sufrimiento.

Así, huir del sufrimiento jamás será fácil pues significará renunciar a un objeto causa del placer. La única forma de soportar este dolor será esperar que en el tiempo futuro la felicidad perdida pueda ser reencontrada, ilusión que conocemos con el nombre de esperanza.

Para continuar teniendo esperanza, deberá haber siempre una “buena causa”, pensable, lógica, con sentido para la existencia.

En estos casos de desinvestidura radical que venimos tratando, lo que encontramos es la expulsión de cualquier objeto que pueda ser fuente de placer. La pulsión de muerte amenaza todos los objetos, termina con cualquier intento de ligadura que pueda contribuir a la manutención de la actividad psíquica. Para ser mas exactos, podemos decir que la meta final es cortar radicalmente la posibilidad de encuentro con cualquier objeto cuya ausencia pueda constituirse en causa del deseo. De ese modo, transformando el objeto en insustituible, no habrá mas busca, mas espera, mas deseo. No habrá mas reconocimiento como deseante. Habrá um deseo de no deseo.

La desinvestidura busca cancelar todo y cualquier trazo de objeto, no quiere dejar ningún rastro de que alguna investidura fue realizada, nada que permita reencontrarlo; un vacío, un hueco, un nada de representaciones. Y como dice Piera Aulagnier: “Comprendemos perfectamente el riesgo que representa cualquier experiencia que pueda culminar en esta forma de desinvestidura, único asesinato definitivamente exitoso” Asesinato del Yo, claro está.

Nadie ignora que la a “dura realidad” es causa del sufrimiento. Piera Aulagnier resume en cuatro aspectos las pruebas de realidad que se imponen al psiquismo : La realidad de un cuerpo vulnerable, la amenaza de muerte siempre presente, la autonomía del deseo del otro que puede provocar la privación del objeto amado, y la realidad social que cobra el alto precio de la exclusión a aquellos que no aceptan sus normas.

Pasar por estas pruebas de realidad puedes ser bien provechoso para el psiquismo que así forja su criterio de realidad, o sea que habría un sufrimiento necesario. El Yo, confrontado con el dolor, crea una dimensión temporal pues abre una expectativa de futuro donde el reencuentro con el placer sea posible. Inventa la esperanza. Mas cualquier sufrimiento excesivo, será la vía de acceso privilegiada para la Pulsión de Muerte.

Cuando digo excesivo, me refiero al tipo de sufrimiento no metabolizable, aquel sobre el que no es posible hacer ninguna elaboración, que no permite ningún aprendizaje, que no se transforma en experiencia; que deja en el psiquismo un agujero, un vacío, pues es vacío de representación.

Vacío donde no hay luto posible.

Por eso afirmo que la demencia es producto de una falta de trabajo de luto, algo mas allá que la melancolía, o mejor dicho, fuera de ella , porque en la melancolía hay identificación con un objeto, en la demencia no.

También hay que considerar que en la actualidad, la figura del padre simbólico está prácticamente ausente, lo que provoca un sentimiento de desamparo que pasó a formar parte de la subjetividad contemporánea.

El padre simbólico no garantiza mas nada en término de protección subjetiva, con lo cual, el concepto de sujeto estable, invariable, universal está definitivamente puesto en jaque. Surgen nuevas formas de subjetivación como anorexia, bulimia, drogadicción e compulsiones como la alineación en la internet o en el trabajo.

Todos estos cuadros se aproximan de lo que la clínica viene describiendo hace años como estados-límites y se relacionan con una nueva forma de depresión caracterizada por el vacío y no por la pérdida. Y lo que todos tienen en común es que se trata de manifestaciones psíquicas pegadas a la experiencia corporal.

Todas muestran una forma de desinvestidura narcísica del cuerpo, los síntomas son siempre en el plano corporal y la depresión por vacío es su mayor manifestación sintomática.

Podemos decir que hay un pasaje al acto, lo que indica un bajo nivel de simbolización, una imposibilidad de incluir las excitaciones pulsionales en el circuito de lo simbólico. No encontramos aquí una escena como en la histeria, no hay un “como si”. En el pasaje al acto, el sujeto está sometido al deseo del otro, responde a su demanda de forma total e indiscriminada, no puede colocarse como sujeto. Se ofrece al otro “en cuerpo y alma” para ser protegido del desamparo. Un apelo al padre simbólico que no responde mas al llamado.

Una de estas experiencias de disolución del YO constituido es mas común de lo pensamos. La vejez, en su forma actual y ante una realidad demasiado cruel, se encuentra en una situación que favorece la desinvestidura pues no hay nada a ser rescatado, no hay como contratar un mínimo de contrato narcísico para garantizar la permanencia del Yo.

La desinvestidura de la Pulsión de Muerte no se realizará sólo sobre los objetos sino también sobre el propio proceso; entonces como ya decíamos, el Yo dejará de pensar, no creará un saber sobre sus experiencias, de este modo, serán todas excesivas.

No pudiendo representar, no podrá nominar sus afectos, y si no puede nominarlos, no podrá registrarlos en su memoria, renunciará a su historia.

La demencia es el lugar donde el sujeto psíquico historicamente constituido se pierde. El cuerpo de un anciano demenciado -considerando fases muy avanzadas de la enfermedad- no parece estar atravesado por ningún registro simbólico, baba, defeca, se desviste, se masturba, todo sin verguenza, sin alegría. A veces se conserva un mínimo de pudor, mas , en general, sólo percibimos el placer de la higiene y la incomodidad de la suciedad.

Es un cuerpo recorte de zonas erógenas, cuerpo sin sujeto.

La persona demenciada vuelve al padrón simbólico de la infancia y continua regrediendo hasta no ser mas, hasta lo real se desatar del tejido simbólico, hasta perder todo aquello que la intervención de lo simbólico construyó.

Antes de la fase terminal, en gestos mínimos e repetidos hasta el cansancio (de los cuidadores) podremos percibir una línea de unión con la historia del sujeto: como la modista que ahora se dedica a descosturar todo lo que encuentra a su frente o el pintor que descascara incansablemente la pintura de puertas y paredes.Desconstrucción de una historia en la repetición de gestos de los cuales, el sujeto que los protagonizó, ahora está ausente.

Podemos hasta creer que el paciente demenciado pierde su condición de sujeto por causa de un cuadro neurológico que afecta la memoria – y en algunos casos esto es innegable- pero también podemos pensar que abandona su condición de sujeto por ésta resultarle insoportable. Verdadera muerte simbólica, intento de recuperación de un narcisismo primario omnipotente y sin límites.

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Delia Catullo Goldfarb: Psicoanalista. Diretora da GER-AÇÕES. Master en Psicología Clínica em la PUC-SP, Doctora em Psicología en la Universidad de San Pablo.. Autora de “Corpo, tempo e envelhecimento” (Casa do Psicólogo, 1998, SP) . Profesora de psicogerontologia COGEAE-PUC-SP

 

 

 

 

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